{"id":2145,"date":"2021-01-16T10:38:32","date_gmt":"2021-01-16T09:38:32","guid":{"rendered":"http:\/\/olgagomezortiz.es\/?p=2145"},"modified":"2021-01-16T10:59:44","modified_gmt":"2021-01-16T09:59:44","slug":"elementor-2145","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olgagomezortiz.es\/?p=2145","title":{"rendered":"Conciliar la vida familiar y laboral: un reto nacional y personal\u200b"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"2145\" class=\"elementor elementor-2145\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-cad5771 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"cad5771\" data-element_type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-3031db3\" data-id=\"3031db3\" data-element_type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-c061867 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"c061867\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t<p>Qu\u00e9 padre o madre no se ha visto un poco saturada en el mes de marzo cuando, estando confinados, adem\u00e1s de atender sus quehaceres laborales o dom\u00e9sticos, ten\u00eda que supervisar las tareas de sus hijos, ayudar a resolverlas o acompa\u00f1arlos en sus actividades por casa en caso de que fueran m\u00e1s peque\u00f1os. Este ha sido un periodo en el que el conflicto familia-trabajo se ha puesto de manifiesto en toda su extensi\u00f3n, haciendo m\u00e1s o menos mella en cada persona dependiendo de su propia ecolog\u00eda familiar y de sus propias competencias personales. Pero, inevitablemente, todos los que tenemos hijos a nuestro cargo, hemos sentido m\u00e1s estr\u00e9s del habitual y quiz\u00e1s alg\u00fan grado de culpa al interpretar que no est\u00e1bamos desarrollando nuestro trabajo tan bien como nos gustar\u00eda o no le dedic\u00e1bamos a nuestros hijos todo el tiempo que necesitaban. Y como consecuencia de estos procesos emocionales hemos visto algo resentido nuestro bienestar, sobre todo si unimos a estas circunstancias la imposibilidad de salir e interactuar con nuestras amistades o familiares m\u00e1s lejanos, o los peque\u00f1os o grandes conflictos que hayan surgido como consecuencia de esta convivencia tan estrecha e intensa con nuestros familiares.<\/p><p>Pero el <b>conflicto familia-trabajo<\/b> no es un fen\u00f3meno que haya surgido en el confinamiento; solo se exacerb\u00f3 hasta tal punto de que, en ese momento, fuimos m\u00e1s conscientes que nunca de la necesidad de poder conciliar estas dos esferas vitales y de las consecuencias que acarrean los problemas de conciliaci\u00f3n. Este es un fen\u00f3meno que lleva investig\u00e1ndose y preocupando a la sociedad ya desde hace unas d\u00e9cadas. No obstante, las emociones que se derivan de dicho conflicto y sus posibles causas e impacto personal y social han recibido mucha menos atenci\u00f3n investigadora y medi\u00e1tica. De hecho, casi siempre se sit\u00faa al estado o a la empresa privada como los responsables de los problemas de conciliaci\u00f3n que experimentan los trabajadores. Y aunque es cierto que las pol\u00edticas de conciliaci\u00f3n de nuestro pa\u00eds son muy modestas comparadas con las de otros pa\u00edses europeos que han avanzado mucho m\u00e1s en esta materia, tambi\u00e9n hay que reconocer que las consecuencias emocionales que experimentamos como consecuencia de este conflicto, no solo dependen de las circunstancias laborales de cada cual o de los derechos de los que gozamos en este \u00e1mbito, sino tambi\u00e9n de nuestras competencias personales y particularmente de los procesos cognitivos (interpretaci\u00f3n de la realidad, creencias sobre roles de g\u00e9nero y parentales\u2026etc.) que desarrollamos. A este respecto, podemos decir que la conciliaci\u00f3n de la vida familiar y laboral es un reto nacional, pero tambi\u00e9n personal.<\/p><p>Consciente de esto, solicit\u00e9 dos proyectos que me han sido concedidos, ejerciendo en ambos el rol de investigadora principal: uno de investigaci\u00f3n, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovaci\u00f3n, dirigido a abordar el estudio de los procesos emocionales que surgen ante el conflicto familia-trabajo, sus posibles y causas y consecuencias; y otro de transferencia del conocimiento, financiado por la Universidad de C\u00f3rdoba, con el objetivo de beneficiar a la poblaci\u00f3n aplicando el conocimiento generado durante el proceso de investigaci\u00f3n. Y este conocimiento se busc\u00f3 transferir a trav\u00e9s del blog que se encuentra en mi p\u00e1gina web (www.olgagomezortiz.es) y mediante la realizaci\u00f3n de unas jornadas de formaci\u00f3n dirigidas a los padres y madres del AMPA San Bartolom\u00e9 del colegio de Cervantes de nuestra localidad, los pertenecientes al AMPA del colegio Virgen de la Salud de Castro del R\u00edo y los que forman parte de distintas asociaciones que aglutina la Casa de la Igualdad del Ayuntamiento de C\u00f3rdoba. Por las circunstancias sanitarias que atravesamos, solo se han podido realizar presencialmente en Espejo, aunque se realizar\u00e1n de forma online con los otros dos colectivos. En este art\u00edculo sintetizo los principales contenidos que trabajamos en dichas jornadas definiendo en qu\u00e9 consiste el conflicto familia-trabajo y explicando porqu\u00e9 nos sentimos estresados y culpables cuando lo experimentamos y qu\u00e9 podemos hacer para regular ambos procesos emocionales.<br \/>El conflicto familia-trabajo surge cuando percibimos que ambas esferas resultan poco compatibles porque las dos requieren una dedicaci\u00f3n importante en t\u00e9rminos de tiempo o esfuerzo. Por lo que, de alguna manera, la realizaci\u00f3n de las actividades de un \u00e1mbito interfiere con la realizaci\u00f3n de las actividades del otro. As\u00ed, podemos sentir que nuestro trabajo dificulta el desempe\u00f1o apropiado de nuestro papel de padres porque le dedicamos mucho tiempo y eso hace que no podamos estar tan disponibles como queremos para nuestros hijos o parejas o porque cuando llegamos a casa estamos cansados y no nos apetece implicarnos tanto en la tarea educativa. No obstante, tambi\u00e9n podemos sentir que nuestra familia interfiere en parte con nuestro desempe\u00f1o laboral por las mismas razones de tiempo y esfuerzo o cuando hacemos ciertas concesiones o renuncias (dejar de trabajar, reducciones de jornadas, pedirnos d\u00edas por la enfermedad de nuestros hijos, dejar de asumir ciertas tareas que favorecer\u00edan nuestro progreso \u2026 etc.) en pro de dedicarnos m\u00e1s a este contexto.<\/p><p>Ante esta situaci\u00f3n, a veces desarrollamos <strong>sentimientos de culpa<\/strong>. En general, esta emoci\u00f3n se genera cuando interpretamos que estamos actuando de forma contraria a nuestros valores \u00e9ticos o morales o a las convenciones sociales de referencia. Es decir,<br \/>cuando entendemos que nuestra conducta no es apropiada y podr\u00eda estar causando alg\u00fan da\u00f1o a alguien o no se ajusta a lo que se entiende que es correcto en determinados contextos o situaciones. En relaci\u00f3n al conflicto familia-trabajo, surge porque entendemos que el tiempo o la dedicaci\u00f3n que restamos a nuestra familia en pro de dedic\u00e1rselo al trabajo, resulta de alguna manera, da\u00f1ina para la misma y que, en cualquier caso, no es una conducta propia de un \u201cbuen padre\u201d y sobre todo de lo que se considera \u201cuna buena madre\u201d. Igualmente, podemos sentirnos culpables si observamos que estamos descuidando nuestras responsabilidades laborales por atender a nuestra familia y que esto no es propio de un \u201cbuen trabajador\/a\u201d.<br \/>Utilizo las comillas cuando aludo al t\u00e9rmino \u201cbuen trabajador\/a, p\/madre\u201d porque si nos detenemos a observar, son construcciones sociales que no est\u00e1n claramente definidas o que, en su caso, giran en torno a modelos muy tradicionales que deber\u00edan de actualizarse. Este es el caso de los roles parentales, totalmente vinculados a cuestiones de g\u00e9nero que, a\u00fan hoy, hacen que entendamos que las tareas esenciales de las que deber\u00eda ocuparse la madre no son las mismas que las que se atribuyen al padre. As\u00ed, se ha demostrado que incluso en los pa\u00edses en los que se apoya la igualdad de g\u00e9nero y el empleo femenino, se espera que las mujeres est\u00e9n m\u00e1s implicadas en las tareas dom\u00e9sticas y familiares, haciendo que el rol materno contin\u00fae muy ligado al modelo de maternidad intensiva que observamos en nuestras madres o abuelas que no dispon\u00edan de un trabajo remunerado y dedicaban todo su tiempo al cuidado de sus hijos y esposos. Por su parte, la mayor\u00eda de los padres, aunque son cada vez m\u00e1s conscientes de la necesidad de implicarse en el \u00e1mbito familiar, siguen anteponiendo su labor vinculada al sustento econ\u00f3mico a la del cuidado de sus hijos. Posiblemente, por ello, muchos estudios encuentran que ante la percepci\u00f3n de interferencia entre el \u00e1mbito familiar y laboral y como consecuencia de la culpa que se experimenta en esta situaci\u00f3n, son las madres las que ven m\u00e1s mermado su bienestar. Esto podr\u00eda ser explicado en base a las <strong>creencias de g\u00e9nero<\/strong>: mientras que los padres consideran que trabajar supone ocuparse de su responsabilidad fundamental, nosotras entendemos que este trabajo, necesario para nuestra independencia y desarrollo personal, es, sobre todo, un elemento que dificulta el cumplimiento de la nuestra: cuidar a nuestra familia.<\/p><p>Ante esta situaci\u00f3n, no queda otra que <strong>construir nuestro propio modelo de maternidad y paternidad<\/strong>, lejos de prejuicios y roles caducos, y en consonancia con los valores que queremos que imperen en nuestra familia y las circunstancias que la caracterizan: nada es inherentemente bueno o malo siempre que nos aseguremos que las necesidades de nuestros hijos est\u00e1n cubiertas y, al menos, dispongamos de un tiempo de calidad (sin distracciones ni tareas laborales o escolares de por medio) para compartir con ellos cada d\u00eda. Lo bueno es aceptar la decisi\u00f3n que hemos tomado, sea la que sea, y defenderla cada d\u00eda. Y, aun as\u00ed, en algunos momentos, seguiremos sintiendo alguna peque\u00f1a punzada que nos lleva a querer pasar m\u00e1s tiempo con nuestros peque\u00f1os. Esto es muy frecuente cuando en alg\u00fan momento toca dedicarse de lleno a algunas tareas laborales que resultan m\u00e1s absorbentes. Es un peque\u00f1o aviso de nuestro cerebro para que no descuidemos la funci\u00f3n esencial de la parentalidad: asegurar la supervivencia y el buen desarrollo de los mismos. Es entonces cuando debemos <strong>valorar si esta culpa est\u00e1 siendo adaptativa<\/strong>, porque nos permite reconocer algo mejorable y cambiarlo, o es producto de esos roles que est\u00e1n ejerciendo su presi\u00f3n sobre nosotros y cuya gesti\u00f3n pasa por reafirmarse y reconocer que lo estamos haciendo bien: lo mejor que podemos dentro de las circunstancias que tenemos, alej\u00e1ndonos del perfeccionismo y de los modelos de parentalidad artificiales que observamos en redes sociales o en medios de comunicaci\u00f3n.<\/p><p><br \/>Y es que <strong>el perfeccionismo es el mejor amigo de la culpa<\/strong> porque siempre crea una sensaci\u00f3n de insatisfacci\u00f3n permanente que devora \u00e1vidamente nuestra percepci\u00f3n de eficacia ante el ejercicio de la parentalidad, favoreciendo la asunci\u00f3n de que no lo estamos haciendo bien, de que no llegamos a todo. Y en realidad es que es muy complicado llegar a todo, especialmente si las metas planteadas en relaci\u00f3n a cada esfera vital son extremadamente elevadas. Esto sucede cuando nos planteamos no solamente ser una buena madre, sino ser LA MEJOR: la que est\u00e1 todo su tiempo libre con los hijos, la que cocina comida casera siempre, la que cuida extremadamente el uso de pantallas, la que estimula a trav\u00e9s de juegos educativos sus competencias, la que hace manualidades, la que organiza la mejor fiesta infantil o la que los acompa\u00f1a a todos sus eventos deportivos, salidas al parque o actividades varias, por decir algunas conductas. Y digo madre y no padre porque este es otro modelo que nos llega a las madres a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n: madres que parecen controlar perfectamente todos los aspectos de su familia a la vez que trabajan y lucen perfectas. Este es un modelo insano adem\u00e1s de falso. Por lo tanto, es esencial aprender a detectar que las im\u00e1genes que observamos en estos medios son solo ficci\u00f3n (o una selecci\u00f3n cuidada de fotos que muestran lo que cada cual quiere mostrar) y que nuestras metas en relaci\u00f3n a la parentalidad y al \u00e1mbito laboral deben estar ajustadas a nuestras circunstancias, evitando aquellas que, por ser tan elevadas, resulten imposibles de cumplir. Eso no significa que debamos descuidar nuestras responsabilidades parentales, sino que debemos de aprender a distribuirlas con<br \/>la pareja para que toda la responsabilidad no recaiga sobre nosotros. Asimismo, hemos de abandonar algunas tareas que no son necesarias, simplemente, o reajustar la exigencia que ponemos en otras que s\u00ed lo son. Nuestros hijos no necesitan tanto: solo sentirse queridos y atendidos. Y ese amor les llega a trav\u00e9s de tiempo que pasan con nosotras, pero tambi\u00e9n a con el que les brindan otros familiares, sin que sea necesario hacer un gran despliegue de creatividad ni de medios. Estar con ellos sentados jugando un ratito mientras nos cuentan sus cosas puede ser un tiempo de calidad excelente.<\/p><p><br \/><strong>Delegar y plantearnos metas m\u00e1s realistas<\/strong> nos permitir\u00e1, adem\u00e1s de minimizar la culpa desadaptativa, <strong>mitigar el estr\u00e9s<\/strong>, cuyo origen radica en la percepci\u00f3n de que las demandas contextuales superan a nuestros recursos personales. Es decir, este proceso emocional y sus manifestaciones (opresi\u00f3n en el pecho, taquicardia, rigidez muscular, cansancio, caos mental, problemas digestivos\u2026 etc.) tienen lugar cuando pensamos que la situaci\u00f3n nos supera, que no podemos hacerle frente e interpretamos este hecho como algo terrible o que puede tener consecuencias graves. Ante esta situaci\u00f3n, la <strong>organizaci\u00f3n del tiempo<\/strong> es clave, por ello delegar es una herramienta fundamental, unida a la de posponer aquellas tareas que no resulten urgentes. No obstante, casi todas las emociones tienen su origen en nuestros pensamientos y las creencias que sostenemos. En \u00faltima instancia, c\u00f3mo nos sentimos depende de lo que pensamos y esto a su vez de la forma en la que percibimos e interpretamos la situaci\u00f3n. Por ello, la gesti\u00f3n de la culpa y el estr\u00e9s parental tambi\u00e9n pasa por prestar mucha atenci\u00f3n a nuestros pensamientos, <strong>evitando realizarnos reproches innecesarios<\/strong> (especialmente aquellos que concluyen con el juicio de que no somos buenos padres o con lamentos sobre nuestra propia situaci\u00f3n) <strong>y usar un lenguaje amable hacia nosotros mismos<\/strong>, valorando de forma realista -y no catastrofista- nuestra propia situaci\u00f3n. As\u00ed lo han demostrado los datos de nuestra investigaci\u00f3n en los que se vincula la culpa y el estr\u00e9s parental al uso de reproches rumiativos (ej.: \u00bfpor qu\u00e9 me pasa esto a m\u00ed?). Por ello, si detectamos que hacemos un gran uso de los reproches de forma repetida en el d\u00eda a d\u00eda, en primer lugar, hay que transformarlos en preguntas reflexivas: \u00bfPuedo cambiar mi situaci\u00f3n? \u00bfesto es realmente terrible? \u00bfhay cosas peores? \u00bfes una racha pasajera? Y una vez que obtenemos esas respuestas m\u00e1s tranquilizadoras, hay que cambiar el foco del pensamiento, quiz\u00e1s cambiando de actividad, haciendo una pausa para respirar y sobre todo <strong>poniendo nuestro foco en el presente, en lo que estamos haciendo y tenemos en ese momento<\/strong>, en lugar de vivir en el futuro (que genera estr\u00e9s o ansiedad) o en el pasado (que estimula la culpa).<\/p><p><br \/>La \u00faltima recomendaci\u00f3n se basa en el <strong>autocuidado<\/strong>. La evidencia previa ha demostrado que como consecuencia de experimentar culpa ligada al conflicto familia-trabajo, tendemos a sacrificar el tiempo que dedicamos a cuidarnos a nosotras mismas o a hacer cosas que nos gustan en pro de dedic\u00e1rselo a los hijos y adem\u00e1s solemos ser m\u00e1s permisivos. Una tendencia que se observa, sobre todo, en las madres. Claramente, los hijos necesitan pasar tiempo con nosotras, pero tambi\u00e9n es necesario sacar un ratito al d\u00eda o un tiempo cada semana para realizar actividades que nos hagan sentir bien, ya que todo ello tambi\u00e9n contribuir\u00e1 al bienestar de nuestros propios hijos. Nuestra satisfacci\u00f3n tambi\u00e9n es la suya.<\/p><p><br \/>En conclusi\u00f3n, convertirse en p\/madre es una experiencia extraordinaria, un reto fascinante que nos permite conocernos a\u00fan m\u00e1s, superar desaf\u00edos y seguir creciendo como personas. Sin duda, la necesidad de conciliar la crianza con la actividad laboral, lo convierte en un reto a\u00fan mayor, y si bien queda mucho por avanzar a nivel legislativo en este \u00e1mbito, la evidencia cient\u00edfica demuestra que, nosotros, como individuos tambi\u00e9n tenemos a nuestra disposici\u00f3n herramientas para mitigar las consecuencias de este conflicto. Hacer uso de ellas nos permitir\u00e1 no solamente ser personas m\u00e1s satisfechas, sino tambi\u00e9n padres y madres m\u00e1s eficaces. Espero que nunca m\u00e1s tengamos que afrontar la experiencia de un confinamiento tan severo como el que vivimos a principios de este a\u00f1o y que el que entra traiga la soluci\u00f3n definitiva para erradicar esta pandemia y suponga, adem\u00e1s, avances significativos en temas de conciliaci\u00f3n. Os deseo un feliz 2021 cargado de salud y bienestar personal y familiar.<\/p>\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Qu\u00e9 padre o madre no se ha visto un poco saturada en el mes de marzo cuando, estando confinados, adem\u00e1s de atender sus quehaceres laborales o dom\u00e9sticos, ten\u00eda que supervisar las tareas de sus hijos, ayudar a resolverlas o acompa\u00f1arlos en sus actividades por casa en caso de que fueran m\u00e1s peque\u00f1os. 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